5/13/2019

De golpe, miró fijamente al cielo nocturno. Buscando con la vista ese satélite natural que baila un vals con nuestro planeta. Esa noche no estaba llena, así que si tenía alguna esperanza de despertar algún gen licántropo, hoy no iba a ser.

Había algo tranquilizador en bañarse en su luz tenue y aterciopelada. Decían las malas lenguas que no era SU luz, pues ella solo reflejaba la que le llegaba a través de su hermano mayor, el Sol. Pero solo eran envidiosos, pues puestos a comparar astros, ¿cuántos enamorados habían prometido regalar al diurno? Exacto.

Era inevitable cuestionarse la honestidad de esa cara que siempre escondía uno de sus perfiles. Como si hubiese una base nazi oculta allí, o algo peor. ¿En serio se suponía que habían pisado ese suelo cinco veces? Nunca había sido conspiranoico, pero viéndola así, tan lejana y misteriosa, le daba la impresión que era una especia de ser con voluntad propia. Desde luego, evitaría por todos los medios que el cáncer que amenazaba a su compañera de baile metastatizase en ella misma.

Miró el reloj, habían pasado diez minutos. Otra vez se había despistado. Le salía más a cuenta salir a correr de día.

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