‘Estoy en una call box en medio de ninguna parte’
Ese fue el último mensaje que recibió antes de que desapareciese misteriosamente.
¿Qué había pasado? ¿Era posible saberlo incluso? El mensaje era tan vago y críptico que era imposible saber si era algo literal o una metáfora de algo más espantoso.
En el primer caso, su utilidad era discutible. Imposible saber la dirección de nada sólo con esa explicación. Si hacerle llegar su localización era su objetivo, hubiese sido mucho más fácil enviar otro tipo de mensaje, o directamente sus coordenadas por GPS. No, ese no era el caso.
En el segundo supuesto, las cosas se complicaban. Podía ser que, efectivamente, estuviese viajando por una carretera eterna, y su coche topó con una de esas brechas que a veces existen entre mundos. Si había quedado atrapado en el limbo, bien podía considerarse ese sitio una especie de call box, o antesala a diferentes dimensiones. Podía ser también que acelerase demasiado, a la que vez que fue alcanzado por un rayo, y se crease un efecto Deloran particular. No era del todo improbable.
Teniendo en cuenta que no habían encontrado rastro alguno del coche ni de su persona, por no hablar de ninguna de sus pertenencias o los centenares de libros que llevaba en el maletero, se decantaba más por lo segunda opción.
O a lo mejor le estaba dando muchas vueltas a ese mensaje.