12/17/2017

Estaba de camino.

Sentía ya como el frío se le calaba entre los huesos, y eso quería decir que era hora de volver. A las cálidas zonas de su tierra.

No le hacía falta brújula ni mapa. Se bastaba con seguir su instinto, dejarse llevar por las corrientes de aire que sin duda conducían a su destino. No era sólo el magnetismo lo que permitía guiarse, era algo más. Una llamada, normalmente un débil pero tenaz susurro, sin embargo en ocasiones se manifestaba como un gutural chillido que helaba la sangre y era imposible ignorar. Dolía, incluso.

Echó a volar sin mirar atrás. No era necesario, sabría volver de nuevo cuando llegase el momento. Porque ese lugar al que se dirigía, firme y raudo como una flecha, tarde o temprano se enfriaría, como todo en este mundo. No importaba, siempre podía volver a abrir sus alas. Apenas le hacía falta batirlas, pues sólo con entregarse al viento era suficiente.

Estaba de vuelta.

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