‘¿Qué es esto?’ le pregunté, sosteniendo la bolsita con un polvo blanco que me había entregado.
‘DMT. Es la única forma de poder ver lo que se esconde detrás de el Velo. La única forma de percibir lo que se esconde detrás de la cortina de la realidad. Es lo que querías, no?’
‘Nunca me dijiste que tuviese que tomar nada para eso.’
‘Podrías hacer lo mismo tras años de entrenamiento y meditación, pero no estás preparado.’
‘No sé…’
‘Vamos! Vas a echarte atrás ahora? Tú mismo, no pienso esperarte. Una vez que has visto a La Reina en la Niebla tocar el arpa, o has bailado con las sombras que se desvanecen al mirar, nada vuelve a ser lo que era. Siento como me susurran al oído sus lamentosos quejidos, incluso despierto. Quiero volver a bañarme desnudo en el Lago Hali. Este mundo es gris, tosco, inaguantable. Somos esclavos de los sentidos que nos atan a nuestras percepciones, ignorantes que existen otras formas de sonidos y colores. He navegado entre la constelación de Hyades, y he mirado a los ojos al que Observa Eternamente. ¿Por qué iba a querer quedarme aquí? No, voy a desvanecerme. Y si no estás listo, no importa, buscaré a otra persona que quiera acompañarme.’ Me tendió su palma abierta, exigiendo la devolución de la infame bolsita.
Seguramente me arrepentiría, pero finalmente accedí.