Están llegando.
Nos los oyes? Llegan cabalgando sobre corceles de ultratumba, el impacto de sus cascos contra la dura roca crea truenos y relámpagos. Lideran una horda de serafines que tocan una melodía triunfal y escalofriante. Su aura, tan cegadora como abrumadora, infunde humildad en el corazón del príncipe más vanidoso, y hace postrarse a reyes y plebeyos por igual.
Están llegando.
Y no importa quien seas, o de donde vengas. Seremos juzgados por nuestros actos sin piedad. Con suerte, el ruido ensordecedor de su mazo al impartir justicia partirá tus tímpanos, y no escucharas su sórdida penitencia, aunque no te librara de cumplirla. No dudes que hombres mucho mejores de lo que tú y yo nunca seremos, serán vistos como indignos ante sus ojos acosadores y tenaces.
Están llegando.
Y por fin. Pues mejor una tierra baldía que una tierra impura. Tan duro será su juicio que no quedará nadie para escribir la historia. Y acaso no es mejor eso, que seguir repitiendo una y otra vez una historia oscura, pervertida? Mientras el odio, la codicia y la mentira sigan imperando como valores fundamentales, ni existe salvación posible, ni el futuro será brillante. Acaso no merecemos este fulminante final tras tanto tiempo de depravaciones? Tuvimos realmente en algún momento la voluntad de cambiarlo, o vivimos sumidos en ilusiones para engañarnos? Poco importa ahora, pues, por fin.
Están llegando.