4/23/2017

– Aaah… no cambies nunca, pequeña – dijo él con un suspiro.

– A qué viene eso? – pregunto ella extrañada.

– Nada, solo estaba mirando este cactus y pensaba en cómo se parece a ti.

Ella arrugó su rostro en una mueca desconcertada.  Su cara mostraba que exigía una explicación, y también un principio de enfado.

– Calma, déjame explicarte… – él se sentó mas cerca de ella – Mira. Esta belleza marca el camino hacia el oasis que nos espera a pocos kilómetros. Llevamos un buen rato perdidos en esta excursión y las cantimploras empiezan a vaciarse. Gracias a esta planta, sabemos que estamos en el buen camino y nos acercamos hacia ese lugar donde por fin podremos descansar, frescos y saciados. – En la cara de ella empezaba a dibujarse una sonrisa, ahora que llegaba la comprensión – Y así, es como eres tú para mí, pequeña. Andaba yo perdido en esta vida sin rumbo fijo, y acabándoseme las ganas de continuar, cuando te encontré y entonces descubrí el camino que me permitió relajarme, y empezar a apreciar este tiempo que pasamos aquí. Sin ti, seguramente habría acabado muerto de sed, o de calor, después de dar vueltas sin sentido en un vacío infinito…

– Calla, idiota, tú y tus comparaciones… – dijo ella cortándole, cogiéndole suavemente de la barbilla para dirigir su cara hacia la suya, besándole.

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